Principalmente al Alamo negro se le atribuyen propiedades beneficiosas para las vías respiratorias. Las yemas de álamo negro, así como su resina y esencia, se utilizan desde la Antigüedad mezclándose con distintos aceites y grasas animales como calmante para distintas afecciones.

Se comenta que: «De las flores del álamo blanco se hace un ungüento llamado popuileón, el cual admirablemente refresca y mitiga todo el dolor, aunque, según Galeno y Paulo Egineta, parece que se debe hacer de las flores del negro» (el álamo no produce flores, en realidad se refiere a las yemas que apuntan antes de la salida de la hoja). Estos comentarios nos demuestran el antiguo uso de esta planta en fitoterapia.

En la actualidad sabemos que la saligenina que contiene es un hidrolizado de la salicina, metabolizado en ácido salicílico por el hígado, aportando un nivel estable al sistema circulatorio y siendo eliminado a través de la orina.

El álamo negro se utiliza para combatir la uricemia aumentando la excreción del ácido úrico; es especialmente provechoso en cuadros gotosos y artríticos, poliartritis crónica y reumatismo crónico. Este efecto se halla fortalecido por su actividad diurética, aconsejable en las litiasis renales (uricosúrico) y reforzado por sus propiedades como antiséptico urinario frente a las cistitis crónicas dolorosas, nefritis y pieloneffitis.

Esta planta se considera a nivel popular como un depurativo y sudorífico muy útil para su toma periódica.

En el sistema respiratorio se emplea, por su acción expectorante y balsámica con un suave efecto calmante, para el tratamiento de catarros, bronquitis y procesos asmáticos. En algunas épocas se ha utilizado como coadyuvante de la tuberculosis pulmonar y renal.

El álamo es, asimismo, un moderado tónico general y suave astringente.

En aplicación externa contribuye como vulnerario en el tratamiento de heridas, úlceras y abscesos, así como calmante local en fisuras anales, hemorroides, dolores reumáticos y musculares, asimismo en las quemaduras. Contiene también glucósidos fenólicos en sus yemas que le confieren propiedades fungicidas.

Aplicaciones que se le atribuyen:
— Uricemia.
— Poliartritis crónica.
— Reumatismo crónico.
— Cistitis dolorosas.
— Litiasis renal.
— Pielonefritis.

Uso externo:
— Heridas.
— Úlceras.
— Abscesos.
— Fisuras anales.
— Hemorroides.
— Neuralgias musculares.
— Quemaduras.
— Dolores reumáticos.

EFECTOS SECUNDARIOS
No se han descrito a dosis terapéuticas.

CONTRAINDICACIONES
No se han descrito a dosis terapéuticas.

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